Besar
Iykyk
Amo los besos, pero no los besos besitos, los besos besos. Los besos que empiezan desde antes de besarse, los que se despiertan con la mirada, los que primero son aliento: cercano, cálido, nervioso. Los que apenas son un roce para en un momento desatar el universo entero.
Cajita de Pandora resultaron ser tus labios, ahora no encuentro manera de deshacerme de ellos aunque ya no estés. Y lo peor es que cuando recordamos un beso, no recordamos solo los labios, porque los besos no se quedan en la boca, invaden toda la piel. Te erizan el cuello, te recorren la espalda, debilitan los pies, crean ríos eléctricos, que con descaro, simplifican en la palabra placer. Pero ¿Cómo se le llama chispa a un incendio? ¿Cómo se navega a ciegas en el mar? ¿Cómo cabe el Titanic en un lápiz labial?
Es mucho más que eso. Si te han dado algún beso, no un beso cualquiera, un beso de esos que te digo, lo sabrías. Porque esos besos no son solo besos, son tatuajes, marcas, cicatrices. Son urgencias, arrebatos, frustración, son un hambre insaciable, un despojo del tiempo, un umbral al fucking más allá.
Son nacer, vivir, morir, resucitar y hacerlo todo de nuevo otra vez. Si alguna vez te han dado un beso de esos sabrás que no hablo de un beso. Sino todo lo demás.
“Did I misread completely, every single touch?
Do you even see me?” - Olivia Dean



