Anticipación
Cómo somos adictos a dejarnos caer.
¿La anticipación es más poderosa que el momento?
137 latidos por minuto son un montón. Es la frecuencia en la que lato después de montarme en una montaña rusa y la frecuencia en la que vibro justo antes de verte a ti.
Me encuentro en un parque temático y estoy haciendo la fila de la máquina más alta del mundo. Tengo un miedo terrible, mis tripas están revueltas. Pienso en salir de la fila y correr al baño, pero no lo hago. Aguanto porque llevo media hora esperando y ya estoy próxima a subir. No tengo idea de por qué estoy ahí. ¿A qué tipo de tortura voluntaria me quiero someter?
Las compuertas se abren y me toca subir. El asiento está frío y mis muslos están sudados. El amarre me sostiene el pecho y los hombros. Respiro hondo. Un pitillo suena tres veces y estamos fuera.
Esa noche no sabía si ibas a estar allí, pero todo apuntaba a que sí. Hacía demasiado tiempo que no te veía. Nuestro desencuentro siempre era más poderoso que nuestras ganas de vernos. Todo lo que había imaginado se desvanecía entre el ruido de la verdadera posibilidad de que estuvieses allí.
¿El recuerdo dura más que el sentimiento?
La máquina avanza lento en su carril, hasta que me encuentro en vertical. Mi cuerpo hace una L; es poco natural. Sé que no debo estar ahí, pero no quisiera estar en ningún otro lugar. Cinco segundos más y pierdo todo el sentido de gravedad.
La caída es empinada. El aire se me escapa. Intento gritar, pero no sale ningún sonido. Un hueco en mi estómago. No hay espacio para controlar ninguna parte de mi cuerpo. Me dejo llevar…
El momento es solo eso, un segundo efímero y veloz. ¿Qué queda? El recuerdo: el momento cuando puedes volver a sentir todo con calma, analizar, procesar, enfatizar, intensificar… el momento que nos envuelve como una nube en el aire, intocable, visible, desvaneciente.
¿Recordamos lo que pasó o cómo nos hizo sentir?
Ya pasó. No hay más. La adrenalina sigue recorriendo el cuerpo como un cosquilleo eléctrico que no quiero dejar ir. El pecho aún acelerado. Los pies aún no recuerdan bien cómo caminar. Quiero volver. Quiero regresar a la fila y hacerlo todo de nuevo.
Entre el roce de una pierna, un par de miradas prolongadas, una sonrisa contenida y un beso que no nos dimos, ¿qué queda? ¿Las imágenes o las sensaciones? ¿Ambas? Escenas que se recuerdan como si viéramos una película una y otra vez. Recordamos hasta que el recuerdo se vuelve un deseo latente de sentir otra vez… anticipación.
Y escena.
Rompiendo personaje y saliendo del monólogo, les cuento que estoy en proceso de escribir mi próxima novela. Entre una idea y otra me surgen pensamientos que a veces se convierten en bases de capítulos, pero que en realidad nunca llegan al borrador. Esto es uno de ellos. Aquí me encontraba explorando un poco el slow burn y todo lo que surge antes de que, en realidad, surja algo. Cuando me voy en estos viajes recuerdo lo mucho que disfruto escribir. Mis novelas nunca serán solo lo que sale en el libro, siempre habrá muchos pensamientos, notas, reflexiones, juegos, exploración y momentos que me llevan a lo que realmente quiero decir de la manera más sencilla. Mi escritura es desorganizada, pero una vez me envuelvo, no hay marcha atrás. Luego les puedo hablar más sobre mi proceso…
No les voy a dar spoilers de mi próximo libro, pero sí les confieso que cada día me enamoro más.
Así que nada, seguimos explorando…
By the way, ¿les dije que mi primera novela Pantalones Blancos ya está disponible en digital? ¡Sí! Por fin existe el e-book y ahora personas de cualquier parte del planeta la pueden descargar.
Les dejo el enlace por si acaso les da curiosidad...
Como siempre, gracias por leerme, un abrazo apretau’.




I like how the piece lets the questions breathe. The climb, the drop, and the replay afterward feel like a quiet map of anticipation, memory, and the briefness of the moment.